Es agradable visitar de vez en cuando los grandes almacenes de bricolaje, simplemente porque me gusta la madera recién cortada. Ese olor tan característico que desprende el serrín, que me embriaga los sentidos y me transporta a una época pasada en la que reinaba la serenidad y la inocencia.
Será por este simple detalle por lo que recuerdo con más cariño a mi abuelo y lo siento cerca cada día; como si esa fragancia me llevase a pensar en esas pequeñas obras de arte que surgían entre sus dedos, a partir de cientos de herramientas que habrían presenciado incluso más historias de las que él mismo fuese capaz de relatarnos.
Como si todo ello fuese su aura transformada en perfume. Para tenerlo presente en esos pequeños, pero muy significantes objetos y mobiliario que relacionamos instantáneamente con alguien, con los recuerdos que nos invocan.
Hace un momento me he percatado que mi "nuevo" escritorio ya no huele a madera recién cortada. Quizás sea por eso por lo que esta mañana me ha parecido menos bello que de costumbre...
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